Chago Rosario: 

Un pelotero a “contracorriente”

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Hemos sido muy afortunados los que le vimos defender la primera base con la gracia y elegancia que se convirtió en marca de fábrica. Sin copyright, porque después de admirarlo fueron muchos los inicialistas que copiaron su estilo.

           

Quienes hemos sido sus amigos somos más afortunados aún. Tiene, como todos, defectos y virtudes; pero a diferencia de muchos, el acatamiento a ciegas nunca ha figurado en su modo de ser.  Santiago “Chago” Rosario Quiñones no encajaba en los rígidos sistemas de su época.

 

Eso de que “hay que obedecer porque lo dijo el americano”; o aquello de que “tenemos que hacer lo que nos ordenen aunque lo consideremos injusto” no fueron la guía de su vida. Si hubiese jugado en las Ligas Negras de la década del 40, Branch Rickey ni siquiera le hubiese considerado para ser la punta de lanza que rompería la barrera de color.

 

Él no hubiese soportado ni la mitad de la injusticia e ignominia que sufrió Jackie Robinson. Chago Rosario rompió los moldes y retó el sistema por lo que pagó un alto precio.

Fíjense, que cuando lo llamaron a las Grandes Ligas (1965, Atléticos de Kansas City) estaba bateando .314 en Birmingham (Alabama), pero en el equipo grande solo le permitieron pararse a batear 94 veces en 85 juegos. Apenas inició jugando 8 veces, lo que quiere decir que en los otros 77 juegos entró a sustituir. Peor aún, réstenle a esos 77 los 31 juegos que participó en la defensiva y se darán cuenta que en más de 40 ocasiones lo trajeron a batear de emergente.

 

Ustedes conocen bien lo que es un bateador emergente. Ese es el que tiene que venir a producir cuando el equipo está perdiendo y casi nadie de los que iniciaron jugando ha producido. El emergente solo tiene un turno, contrario a los que comienzan jugando que por lo general  consumen cuatro. En ese único turno, viniendo frío del banco, el emergente tiene que enfrentarse al as relevista del equipo contrario o al lanzador que está dominando a su equipo. Por eso lo traen de pinch hitter. Si no logra batear de hit en ese único turno, le dicen que ha fallado y lo bajan a las menores. Casi siempre el bateador emergente es el último out del partido. Ese dato negativo es el que se graba en la retina de los fanáticos (para ese tiempo había una gran cantidad de racistas), en la mente del dirigente y de los ejecutivos. Eso fue lo que le hicieron a Canena Márquez y a Carlos Bernier. Una docena de años más tarde se lo hicieron a Santiago Rosario.

 

Como si fuera poco, a Rosario también le aplicaron la ley del embudo, a la que también pudiésemos llamar ley colonial: lo suspendieron en el beisbol de Estados Unidos y ese castigo se extendió a Puerto Rico. Le privaron jugar con los Leones de Ponce en la temporada de 1966-67.

 

Chago fue un adelantado. Es posible que no le gustara la música de Los Beattles ni haya conocido El Mayo Francés, dos movimientos de su época. Los Beattles, además de la belleza de sus melodías, nos enseñaron a romper con lo establecido. Y el Mayo Francés, un movimiento con raíces obrero-estudiantiles producido en 1968, nos enseñó que no todo lo que estaba escrito tenía que ser cierto. Que se podía retar.

 

Ha pagado el precio, pero nunca se ha doblegado ante la indignidad. 

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(La Opinión del Sur, 12 de marzo de 2012)